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Mónaco en 3 días: la guía más completa para dominar el principado de la Costa Azul

Descubre cómo exprimir cada rincón del país más glamuroso del Mediterráneo con una ruta detallada que combina lujo, historia y paisajes espectaculares.

Mónaco es mucho más que un destino de postal: es una experiencia inmersiva donde el glamour se funde con siglos de historia, paisajes mediterráneos y una cultura vibrante. Aunque muchos creen que solo es accesible para bolsillos millonarios, la realidad es que con una planificación inteligente es posible disfrutar de sus encantos sin arruinarse. En esta guía, te llevamos por una ruta de 3 días (más extensa y enriquecedora que las típicas visitas exprés) para que no te pierdas nada esencial, desde los secretos mejor guardados de La Roca hasta los miradores menos concurridos con vistas de infarto.

Día 1: explorando el corazón histórico de Monaco-Ville

Monaco-Ville, también conocido como «La Roca», es el alma histórica del principado. Aquí es donde todo comenzó con la dinastía Grimaldi en el siglo XIII, y pasear por sus callejuelas empedradas es como retroceder en el tiempo. Dedica toda la mañana a explorar este barrio, comenzando con el Cambio de Guardia en el Palacio Principeco a las 11:55 en punto. Este ritual, mucho más que una ceremonia protocolaria, atrae a cientos de visitantes diarios, así que llega al menos 20 minutos antes para asegurar un buen sitio. La precisión de los guardias en sus uniformes de gala (blancos en verano, negros en invierno) es un espectáculo en sí mismo.

Tras el cambio de guardia, entra a los Apartamentos de Estado del Palacio (precio: 10 €; abierto de abril a octubre). Sus salones decorados con frescos del siglo XVI, tapices flamencos y mobiliario de época te transportarán a la opulencia de la realeza europea. No te pierdas el Salón del Trono, donde aún se celebran actos oficiales, ni las vistas desde las terrazas orientadas al mar. A escasos metros, la Catedral de Nuestra Señora Inmaculada alberga las tumbas de los príncipes, incluida la de Grace Kelly, cuya historia de amor con Rainiero III sigue fascinando a locales y turistas. La catedral, de estilo románico-bizantino, es un remanso de paz con vidrieras que filtran la luz mediterránea de manera mágica al atardecer.

Para comer, dirígete al Marché de la Condamine (a 10 minutos a pie cuesta abajo), un mercado tradicional donde los monagueses compran productos frescos. En su planta baja, encontrarás puestos de comida preparada: prueba la socca (una torta de garbanzos típica de la Costa Azul) o un barbagiuan (empanada rellena de acelgas y queso) por menos de 5 €. Si prefieres sentarte, el restaurante U Cavagnetu ofrece menús del día por 25 € con platos como el estofado de ternera al vino tinto.

Por la tarde, visita el Museo Oceanográfico (precio: 18 €), fundado por el príncipe Alberto I en 1910. Este impresionante edificio colgado sobre el acantilado alberga acarios con tiburones, tortugas marinas y especies exóticas, además de exposiciones interactivas sobre conservación oceánica. Jacques Cousteau fue su director durante décadas, y su legado perdura en cada sala. Termina el día en el Jardín de San Martín, anexo al museo, donde esculturas y miradores sobre el Mediterráneo te regalarán una puesta de sol inolvidable.

Día 2: glamour y modernidad en Montecarlo y Fontvieille

Montecarlo es el epicentro del lujo, pero también esconde rincones accesibles. Empieza el día en el Casino de Montecarlo (entrada: 17 € para las salas de juego; código de vestimenta exigente: nada de chanclas o camisetas de tirantes). Aunque no juegues, merece la pena admirar su arquitectura belle époque, sus frescos en el techo y las lámparas de cristal de Murano. Frente al casino, el Hotel de Paris (con sus Rolls-Royce aparcados en la entrada) es otro icono fotográfico. Si tu presupuesto lo permite, tómate un café en su bar (un espresso cuesta 8 €, pero la experiencia vale cada céntimo).

A continuación, pasea por los Jardines del Casino, un oasis verde con fuentes y esculturas que contrasta con el bullicio circundante. Desde ahí, sube al Museo Nacional de Automóviles de la Colección del Príncipe de Mónaco en Fontvieille (precio: 10 €). La colección, con más de 100 vehículos clásicos (desde Bugatti de los años 30 hasta Formula 1) es una delicia para amantes del motor. Está ubicada en un edificio moderno con vistas al puerto de Fontvieille, menos turístico que el de Hércules pero igualmente pintoresco.

Para comer, Fontvieille ofrece opciones más asequibles que Montecarlo. El Food Court del Centro Comercial Fontvieille tiene platos internacionales por 12-15 €, o si prefieres algo típico, el restaurante Le Pistou sirve bouillabaisse (sopa de pescado provenzal) por 30 €. Por la tarde, explora el Rosaleda Princesse Grace, un jardín con 8,000 rosales dedicado a Grace Kelly. La entrada es gratuita, y es un lugar ideal para descansar lejos de las multitudes.

Al anochecer, vuelve a Montecarlo para ver el Circuito de Fórmula 1 iluminado. Puedes caminar por las curvas más famosas (como la de la Rascasse) y imaginar el rugido de los motores durante el Gran Premio (celebrado en mayo). Cenar en esta zona es caro, pero el Café de la Rotonde en el Hotel Hermitage ofrece menús degustación desde 70 € con vistas al puerto.

Día 3: relax, playas y secretos locales

El último día es para disfrutar del Mediterráneo y descubrir rincones menos transitados. Comienza en las Playas de Larvotto, de guijarros blancos y aguas turquesas. Aunque son públicas, alquilar una tumbona cuesta 25 €, pero merece la pena por la comodidad y el servicio. Si prefieres algo más auténtico, los monagueses suelen escaparse a las calas rocosas cerca de Roquebrune-Cap-Martin, a 15 minutos en coche, donde el snorkeling es excepcional.

A media mañana, visita el Jardín Japonés (gratuito), un diseño paisajístico perfecto con lagunas de koi, puentes de piedra y casas de té. Es un lugar sereno que contrasta con el ambiente vibrante del centro. Después, dirígete al Museo de Sellos y Monedas (precio: 5 €), una joya escondida en Fontvieille que repasa la historia filatélica y numismática de Mónaco. Aunque suene niche, las exposiciones son interactivas y perfectas para familias.

Para la comida, prueba el fougasse en la Boulangerie des Révoires (un pan dulce con azúcar de naranja y nueces) por 4 €. Si quedas con ganas de más, el barrio de La Condamine tiene pequeños restaurantes como L’Argentin, donde un menú de parrillada argentina cuesta 30 €. Por la tarde, haz un tour gratis por el Puerto de Hércules, admirando los megayates, o súbete al tren turístico (precio: 10 €) que recorre los puntos clave en 40 minutos con audioguía.

Antes de irte, no olvides los miradores de la Tête de Chien (en la frontera con Francia), con vistas panorámicas de todo el principado. Es el lugar perfecto para una foto de despedida. Si viajas en temporada baja (noviembre a marzo), encontrarás precios más bajos en alojamiento, aunque el clima es más fresco.

Dónde dormir: opciones para todos los bolsillos

  • Económico: El Hotel Villa Boeri en Beausoleil (ciudad francesa colindante) ofrece habitaciones desde 80 €/noche. Está a 15 minutos a pie del centro de Mónaco y tiene conexión directa con autobuses.
  • Gama media: El Novotel Montecarlo (140 €/noche) está bien ubicado cerca del puerto e incluye desayuno buffet.
  • Lujo: El Hotel Metropole Montecarlo (600 €/noche) es una institución con piscina infinity y spa de Joël Robuchon. Perfecto para una ocasión especial.

Consejos finales para tener un buen viaje a Mónaco

  • Transporte: Usa los autobuses públicos (2 € por trayecto) o los ascensores gratuitos para salvar desniveles.
  • Idioma: El francés es oficial, pero el inglés e italiano son ampliamente comprendidos.
  • Presupuesto: Calcula unos 150 €/día por persona si evitas los lujos extremos.
  • Temporada ideal: Mayo (por el GP) o septiembre (clima suave y menos aglomeraciones).

Mónaco es una joya que vale la pena explorar con calma. Esta ruta de 3 días te permitirá capturar su esencia sin prisas, desde la historia hasta el glamour, y crear recuerdos que durarán toda la vida.

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