Unos cuantos vuelos, un poco de ingenio y muchas ganas de viajar cómodo
A todos nos gustaría pasar un rato en una sala VIP antes de despegar: sillones blanditos, silencio, café caliente y esa sensación de estar en “modo lujo” aunque nuestro billete sea de lo más normalito. Pero claro, no todo el mundo puede permitirse viajar en business cada dos semanas. Por eso, muchos viajeros buscan alternativas para colarse (con toda la legalidad del mundo) en estos espacios privilegiados. Y, aunque parezca imposible, hay métodos para conseguirlo sin necesidad de vender un riñón en Wallapop.
El método más directo para acceder a las salas VIP del aeropuerto sin pagar cada visita
La primera forma de entrar es la más evidente… aunque quizá no la más realista para la mayoría. Si compras más de cincuenta vuelos al año, las aerolíneas te dejan pasar a las salas VIP sin coste adicional. Sí, has leído bien: 50 vuelos. Esto significa que, antes de disfrutar de un bocadillo de jamón bien puesto en una sala tranquila, ya te has dejado un buen dinerito en billetes. ¿Quién viaja tanto? Pues gente con agendas muy movidas o quienes organizan viajes de toda su familia. ¿Te imaginas coordinar vuelos de amigos, primos, compañeros de trabajo y quizá algún vecino despistado? Difícil, pero no imposible.
Aun así, hay un detalle importante: para que este sistema funcione, lo ideal es volar siempre con la misma aerolínea. Como en el fútbol, cambiar de equipo cada dos meses no suele traer victorias. La fidelidad, en este caso, sí que tiene premio.
Cómo conseguir acceso VIP en aeropuertos utilizando tarjetas de bancos y beneficios asociados
Aquí es donde la mayoría de viajeros pone sus esperanzas. Algunos bancos ofrecen tarjetas que incluyen acceso limitado o ilimitado a salas VIP de distintos aeropuertos. Un pase instantáneo, casi mágico, que te convierte en viajero premium con solo tener la tarjeta adecuada. Eso sí, no todas las entidades ofrecen este servicio y suele estar reservado a ciertos productos concretos.
Si tienes dudas, lo más práctico es pasarte por tu sucursal del barrio y preguntar (con decisión) si tu tarjeta tiene algún beneficio aeroportuario escondido. Y, créeme, conviene preguntar sin miedo. Si dudas, te notan inseguro. Y los bancos huelen el miedo mejor que un sabueso.
Alternativas caseras para disfrutar de comodidad máxima sin acceso real a la zona VIP
Porque seamos sinceros: a veces no hay vuelos suficientes, ni tarjetas que lo solucionen, ni milagros financieros que nos abran las puertas. ¿Qué hacemos entonces? Pues convertir la sala de embarque normal en nuestra propia zona VIP improvisada. No será lo mismo, pero oye, la actitud lo es todo.
Puedes prepararte un bocadillo de jamón casero, llevar una almohada cómoda, elegir un asiento junto a una ventana y crear tu propio oasis de calma. ¿Quién te lo va a impedir? Nadie. Pon los pies en alto, respira hondo, ponte tu música favorita y disfruta del momento. Al fin y al cabo, lo importante del viaje está más allá del cristal: ese cielo azul que comparten viajeros VIP y no VIP. Y ahí vamos todos, con ganas de volar y vivir un poco más.
Porque viajar es mucho más que llegar a un destino: es la ilusión de preparar la maleta, la emoción de mirar por la ventanilla y el placer (si toca) de descansar un rato en un sillón suave antes de despegar. ¿Y quién dice que solo unos pocos tienen derecho a eso?



