Turkmenistán y el desierto de Karakum esconden uno de los lugares más impactantes de Asia Central. El cráter de Darvazá, conocido como las Puertas del Infierno, es hoy uno de los grandes reclamos turísticos del país y parada clave en la Ruta de la Seda.
¿Existen realmente las Puertas del Infierno en nuestro planeta? Para verlas con tus propios ojos hay que viajar hasta Turkmenistán y plantarse frente al cráter de Darvazá, un gigantesco agujero en llamas en mitad del desierto. Lo que comenzó como un error científico se ha convertido en uno de los fenómenos más hipnóticos y misteriosos del mundo.
Qué es el cráter de Darvazá y por qué lo llaman las Puertas del Infierno
El cráter de Darvazá no es ninguna puerta al inframundo, aunque lo parezca. Su origen se remonta a 1971, cuando un grupo de geólogos soviéticos perforó accidentalmente un depósito natural de gas en pleno desierto de Karakum mientras buscaban petróleo. El suelo colapsó y el equipo cayó en el interior del socavón.
Para evitar que el gas metano contaminara el aire y afectara a las poblaciones cercanas, decidieron prenderle fuego, convencidos de que se consumiría en pocas semanas. Sin embargo, el agujero de 69 metros de diámetro y 30 metros de profundidad sigue ardiendo más de cinco décadas después.
En 2010 se planteó sellarlo, pero finalmente, a partir de 2013, pasó a formar parte de una reserva natural protegida. Hoy es uno de los principales atractivos turísticos de un país que recibe poco más de unas decenas de miles de viajeros al año. Fascina y asusta a partes iguales. Y sí, impresiona de verdad.
Cómo llegar al cráter de Darvazá desde Ashgabat o Dashoguz paso a paso
La llamada Puerta del Infierno se encuentra en pleno desierto de Karakum, una enorme extensión árida de casi 285.000 kilómetros cuadrados, considerado el décimo desierto más grande del mundo. No está precisamente a la vuelta de la esquina.
Lo más habitual es contratar un tour organizado desde Ashgabat, la capital de Turkmenistán, situada a unos 270 kilómetros, o desde Dashoguz, a 335 kilómetros del cráter. Las agencias turísticas de ambas ciudades ofrecen excursiones hasta el lugar.

También es posible llegar por libre, aunque la aventura se complica. Existen autobuses diarios que pasan por la población de Darvazá, pero desde la parada hasta el cráter hay que caminar unos 7 kilómetros por terreno complicado. Muchos lugareños ofrecen servicio de taxi desde la estación hasta el socavón.
Además, hay que tener en cuenta un detalle importante: por la noche, cuando el espectáculo es más impresionante, el desierto queda sumido en una oscuridad total y no resulta sencillo volver a encontrar la carretera. Si no quieres perderte entre dunas, conviene planificar bien el regreso.
Dónde dormir cerca del cráter de Darvazá para vivir la experiencia completa
No hay hoteles ni hostales junto al cráter, pero sí algunas yurtas instaladas por agencias turísticas nacionales. La mayoría de los visitantes extranjeros optan por esta opción, ya que están bien equipadas para protegerse del frío nocturno del desierto.
Quienes viajan por libre suelen acampar en las inmediaciones y utilizan los baños comunes de la zona. Otra alternativa es alojarse en la villa de Darvazá, donde se alquilan habitaciones por unos 10 euros por noche. Los anfitriones, además, ofrecen traslado hasta el cráter.
Dormir a unos cientos de metros de las llamas permite regresar una y otra vez durante la noche para contemplar el espectáculo. Y créeme, querrás hacerlo más de una vez.
Cómo es visitar el cráter de Darvazá y qué esperar al verlo de noche
Aunque las autoridades turcomanas promocionan especialmente otros lugares Patrimonio de la Humanidad por la Unesco como Marv, Nisa y Kunya Urgench, lo cierto es que la Puerta del Infierno es lo que más atrae a muchos viajeros.
Durante el día ya resulta impactante, pero es por la noche cuando muestra su verdadera dimensión. Las llamas iluminan el cráter con un resplandor casi irreal. Es hipnótico. Cuesta apartar la vista de ese fuego perpetuo que parece no tener fin.

Recorrer el perímetro completo lleva unos diez minutos, aunque la mayoría de visitantes se quedan mucho más tiempo. Eso sí, llega un momento en que el calor y los gases hacen que la experiencia resulte menos cómoda. Aun así, la sensación de estar frente a un fenómeno tan singular compensa.
¿Te atreverías a asomarte al borde de un cráter en llamas en mitad del desierto?
Cuándo se extinguirán las llamas del cráter de Darvazá y por qué nadie lo sabe
Parte del magnetismo del lugar reside en la incertidumbre. Nadie sabe cuánta cantidad de gas queda todavía bajo el suelo. Podría continuar ardiendo durante otro siglo o apagarse la próxima semana.
Esa incógnita alimenta el misterio y convierte la visita en algo todavía más especial. No es solo un espectáculo visual, es también la sensación de estar ante algo efímero, aunque lleve más de cincuenta años encendido.
Consejos prácticos para visitar el cráter de Darvazá sin contratiempos
Si estás pensando en incluir esta parada en tu ruta por la antigua Ruta de la Seda, conviene tener en cuenta varios aspectos prácticos:
- Llevar ropa cómoda y adecuada para el clima extremo del desierto, con temperaturas abrasadoras durante el día y frías por la noche.
- No olvidar agua suficiente, protector solar y gafas de sol para protegerte del reflejo del fuego y la arena.
- Valorar contratar un guía o tour especializado para evitar perderse y garantizar un viaje seguro.

El cráter se encuentra en medio del desierto y la orientación no es sencilla. Por lo tanto, una buena planificación puede marcar la diferencia entre una experiencia inolvidable y un susto innecesario.
El cráter de Darvazá es uno de esos lugares que parecen sacados de otro planeta. No es cómodo, no es fácil y no es un destino convencional. Pero precisamente por eso deja huella. Y cuando estás frente a esas llamas eternas, en silencio, bajo el cielo oscuro del Karakum, entiendes por qué tantos viajeros lo consideran una parada obligatoria en Turkmenistán.


