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Lo mejor de Seúl: visitas obligadas en un primer viaje

Seúl, la fascinante capital de Corea del Sur, es un hervidero de contrastes, donde conviven los templos antiguos con rascacielos de vértigo, y las tradiciones más arraigadas con las tendencias más futuristas. Es una ciudad tan diversa como sus 25 distritos, que a su vez se ramifican en barrios con una identidad muy marcada. Te aseguro que es imposible aburrirse aquí. Cada rincón ofrece una nueva historia, una nueva imagen para atesorar, un nuevo sabor por descubrir.

Palacios Reales de Seúl: donde la historia se hace presente

Caminar por los Palacios Reales de Seúl es como viajar atrás en el tiempo. Cada uno de ellos ofrece una perspectiva distinta del legado de la dinastía Joseon, que reinó durante más de cinco siglos. En mis recorridos por la ciudad, tanto en solitario como en pareja, estos espacios se convirtieron en paradas obligadas.

Deoksugung

deoksugung palacio cambio guardia

De todos ellos, Deoksugung se ganó un lugar especial en mi memoria. Recuerdo haberlo visitado en pleno invierno, completamente solo, bajo una suave nevada. Fue uno de esos momentos de pura paz que te conectan con algo más grande. Aunque más pequeño que los demás, Deoksugung tiene un encanto único, potenciado por el espectáculo diario del cambio de guardia.

Gyeongbokgung

palacio gyeongbokgung

En cambio, Gyeongbokgung impresiona por su magnitud. La primera vez que pasé por la gigantesca puerta de Gwanghwamun, me sentí como una figura diminuta dentro de una pintura coreana viva. A su alrededor, decenas de personas vestidas con hanbok tradicionales hacían del lugar algo casi irreal, una escenografía del pasado que de alguna forma se mantenía intacta.

Changdeokgung

palacio changdeokgung

También me perdí entre los senderos del Changdeokgung, donde se esconde el llamado Jardín Secreto. Aunque el tour lo hicimos en coreano y no entendimos una palabra, fue fácil dejarse llevar por la belleza de aquel paisaje cuidado al detalle.

Changgyeonggung

palacio changgyeonggung

En contraste, el Changgyeonggung, que originalmente fue concebido como un palacio de verano, te habla de las heridas de la ocupación japonesa. Pasear por él es recordar también las cicatrices de Corea.

Las alturas de Namsan: Seúl desde otra perspectiva

Torre de Seúl

La Torre de Seúl, también conocida como N Seoul Tower, se eleva como un faro desde la cima del monte Namsan.

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En dos de mis viajes a la ciudad intenté subir, pero el destino quiso que me quedara con las ganas: una vez porque estaba cerrada, y otra por las colas interminables de turistas. Sin embargo, lo que sí pude disfrutar fue el parque Namsan que la rodea. Sus senderos rodeados de vegetación ofrecen uno de los paseos urbanos más agradables que se pueden hacer en la ciudad. Desde sus miradores naturales, se obtienen panorámicas únicas, especialmente en los días claros.

Monte Namsan

Caminar hasta la cima es una experiencia en sí misma. El camino es empinado, pero está bien pavimentado y lleno de pequeños rincones donde parar a descansar.

jeongdong observatory monte namsan

Si no te apetece andar, también puedes tomar un bus o el funicular, pero honestamente, el paseo tiene su encanto. Y si de vistas va la cosa, una sorpresa poco conocida es el Jeongdong Observatory, un pequeño mirador ubicado en un edificio administrativo desde donde se obtienen vistas privilegiadas del palacio Deoksugung. La entrada es gratuita, y al no ser muy turístico, se puede disfrutar en relativa tranquilidad.

Myeongdong e Insadong: dos mundos, una ciudad

Myeongdong

Entre todos los barrios que recorrimos, Myeongdong fue probablemente el que más me impactó por su vitalidad.

myeongdong street

Todo brilla, todo se mueve. Es el corazón de la cosmética coreana, donde cada tienda parece una mini exposición de diseño, y los aromas te invitan a entrar aunque no tengas intención de comprar. Recuerdo la sensación de pasear por sus calles al anochecer, rodeado de luces de neón, mientras el mercado nocturno desplegaba un desfile de sabores tentadores.

Insadong

En contraste, Insadong fue mi refugio durante una estancia de dos semanas.

insadong seul

A primera vista puede parecer más sobrio, incluso anodino, pero basta con caminar unos metros para que se revele en toda su esencia. Sus callejuelas están salpicadas de teterías tradicionales, tiendas de arte y pequeños templos urbanos que se escapan del radar turístico. Desde allí, muchos de los puntos clave de la ciudad están a una distancia caminable, lo que lo convierte en una base ideal para explorar Seúl a fondo.

Hanoks entre callejones: Bukchon e Ikseodong

Bukchon Hanok Village

Hay lugares que parecen salidos de un cuento. Bukchon Hanok Village es uno de ellos.

bukchon hanok village seul

Este barrio, enclavado entre colinas y flanqueado por palacios, conserva decenas de casas tradicionales que parecen detenidas en el tiempo. Recorrer sus empinadas callejuelas es viajar a la época de la corte Joseon, cuando los altos funcionarios vivían en estas viviendas de madera y piedra. En cada esquina hay un nuevo ángulo para una foto perfecta, y la sensación de estar caminando por un escenario de cine no se desvanece.

Ikseodong

Cerca de allí descubrí Ikseodong, un rincón que se convirtió en mi paseo habitual.

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ikseodong seul

A diferencia de Bukchon, aquí los hanoks han sido transformados en cafeterías modernas, boutiques independientes y pequeños restaurantes con una estética cuidada hasta el último detalle. Es un lugar que invita a quedarse, a tomarse un té con calma, a escribir, a observar.

De Gangnam a Hongdae: dos caras del Seúl moderno

Gangnam

Gangnam es probablemente el barrio más conocido en Seúl por el público internacional, gracias a la famosa canción que lo convirtió en ícono pop.

gangnam seul

Pero más allá del marketing, Gangnam representa el rostro más glamuroso de Seúl. Sus avenidas están llenas de coches de lujo, tiendas de alta gama y oficinas corporativas. Uno de los lugares que más me sorprendió fue la librería Starfield en el COEX Mall, con sus estanterías infinitas y su ambiente futurista.

Hongdae

En el otro extremo emocional, Hongdae respira juventud y creatividad.

hongdae seul

Cada noche, sus calles se llenan de estudiantes, artistas y viajeros en busca de algo distinto. Recuerdo caminar por Hongdae Street y detenerme a ver a un grupo de chicos bailando coreografías impecables al ritmo de K-Pop. En ese momento, entendí que esta ciudad no duerme. Más tarde, una cena con barbacoa coreana coronó una jornada perfecta.

Cultura en mercados, templos y arte callejero

En Seúl, la cultura no se guarda en museos, se vive en la calle. Y nada representa esto mejor que sus mercados.

Gwangjang Market

Uno que me fascinó especialmente fue Gwangjang Market. Entrar allí es una experiencia multisensorial: los aromas del aceite caliente, el bullicio de los vendedores y los clientes, los colores de los ingredientes frescos… Todo confluye para ofrecer una postal auténtica del día a día coreano. Allí probé un pancake de judía mung que me supo a gloria y que aún recuerdo con antojo.

Templo Jogyesa

En el plano espiritual, el templo Jogyesa se erige como un remanso de paz en medio de la ciudad. Durante mi visita, tuve la suerte de presenciar una ceremonia budista. Las linternas de colores colgando sobre el patio interior, los cánticos, la calma… todo contribuía a crear una atmósfera mística difícil de olvidar. 

Templo Bongeunsa

templo bongeunsa seúl

En el sur de Seúl, el templo Bongeunsa ofrece una experiencia similar, pero con un entorno más moderno, contrastando sus estructuras centenarias con los rascacielos de Gangnam que lo rodean.

Ihwa Mural Village

ihwa mural village

Otro descubrimiento inesperado fue Ihwa Mural Village. Este barrio empinado está decorado con arte urbano, desde pequeños grafitis hasta murales monumentales. Cada escalón cuenta una historia, cada pared invita a una pausa.

Museos, murallas y parques urbanos: Seúl es una ciudad para explorar a pie

Memorial de la Guerra de Corea

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Uno de los días más introspectivos lo pasé en el Memorial de la Guerra de Corea. Caminar por sus salas es enfrentarse con una parte dolorosa del pasado reciente de la península. La exposición es gratuita, extensa y muy bien curada.

Museo Nacional de Corea

museo nacional de corea

Otro espacio recomendable es el Museo Nacional de Corea, con una colección permanente que recorre milenios de historia.

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Cheonggyecheon

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Pero no todo es contemplativo: la ciudad también se deja caminar. Lo descubrí al pasear por el Cheonggyecheon, un arroyo urbano restaurado que atraviesa varios barrios. Allí, entre puentes modernos y bancos de piedra, el ritmo de Seúl se desacelera. 

Seoullo 7017

seoullo 7017

Algo similar ocurre en Seoullo 7017, un antiguo paso elevado convertido en jardín peatonal, perfecto para una caminata al atardecer.

Murallas de Seúl

murallas de seul

Uno de los secretos mejor guardados de Seúl es su muralla. Inspirada en la Gran Muralla China, aunque mucho más modesta en escala, conecta colinas y montañas en el perímetro urbano. La caminata por algunos de sus tramos ofrece vistas imponentes y una desconexión total del bullicio.

Comer en Seúl: un universo de sabores por descubrir

Seúl también se conoce con el estómago. La cocina coreana es una de las más fascinantes que he probado, y aunque confieso que el kimchi no es lo mío, hay tanto donde elegir que es imposible no encontrar algo que encante. Cada comida es una aventura, desde los restaurantes con estrellas Michelin hasta los puestos callejeros que sirven delicias por pocos wones.

tteokbokki
Tteokbokki

Uno de los grandes placeres fue descubrir sabores nuevos: platos con nombres que apenas podía pronunciar, como el tteokbokki o el japchae, que se quedaban grabados en la memoria por su intensidad. Las barbacoas coreanas fueron momentos de comunión y celebración, donde la comida se cocina en la mesa, al calor de una conversación animada.

Experiencias únicas: cafeterías, paseos fluviales y la frontera más tensa del mundo

Seúl tiene una obsesión maravillosa por los cafés temáticos. Uno que me llamó particularmente la atención fue Yeonnam-Dong 223, decorado como si todo estuviera dibujado en blanco y negro. Sentarse allí con un café con leche y ver entrar a la gente es como observar a personajes en una novela gráfica. Otro café especial fue el King’s Cross, dedicado al universo de Harry Potter, donde uno se transporta literalmente a Hogwarts.

yeonnam dong 223
Yeonnam-Dong 223

Uno de los momentos más relajantes fue cuando alquilé una bici y me dediqué a recorrer la orilla del río Han. En la cesta llevaba pollo frito y cerveza, el picnic perfecto para una tarde templada. En el horizonte, los puentes iluminados comenzaban a encenderse, y de entre todos, el Banpodaegyo se llevaba las miradas con su espectáculo de luces y agua que solo ocurre de abril a octubre.

DZM
DZM: Zona Desmilitarizada

La excursión más impactante, sin embargo, fue a la DMZ, la zona desmilitarizada que separa Corea del Sur de Corea del Norte. Estar allí, tan cerca de una de las fronteras más vigiladas del mundo, provoca una mezcla de inquietud y reflexión. Si además eres fan de los K-Dramas, entenderás lo que sentí al recordar escenas de Crash Landing on You mientras miraba hacia el norte.

Seúl: una ciudad que nunca termina

Seúl es una ciudad que se vive en capas. No basta con visitarla, hay que caminarla, probarla, respirarla. Lo mejor que ver en Seúl no está en una lista, está en la suma de pequeñas experiencias que se acumulan en cada esquina, en cada plato, en cada mirada. Desde sus templos hasta sus tiendas de cosmética, desde sus murallas antiguas hasta sus cafés modernos, cada detalle contribuye a construir una ciudad fascinante.

Mis dos visitas, una truncada por la pandemia y otra que cerró el círculo, me enseñaron que Seúl no se agota. Es una ciudad que siempre tiene algo más que ofrecer. Si alguna vez te preguntas qué ver en Seúl, la única respuesta posible es: todo. Y aun así, te quedará algo pendiente para la próxima vez.

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